«El cabello simbolizaba la supremacía, la distinción, la libertad y la inmortalidad; si se perdía, se creaba un sentimiento de postración, debilidad, degradación y desgracia. ¿Quién puede afirmar que esto no sucede actualmente?»
La creencia en la juventud eterna, el éxito, la fuerza y la sabiduría fue siempre relacionada con la existencia de una cabellera frondosa y vigorosa. A lo largo de los siglos y las civilizaciones, el cabello ha sido el reflejo del alma y del estatus:
Papiros Egipcios
«Mi corazón está colmado de nuevo con vuestro amor,
aunque solamente la mitad de mi sien esté trenzada.
Corro a buscarte… ¡Oh! Se ha deshecho. ¡Bah!
Me pondré una peluca y estaré bien.»
El Papiro Orbiney: Narra cómo la esposa de Anubis, cautivada por la belleza irresistible de una mecha de cabellera de Bata, le fue infiel a su esposo con el hermano menor de este.
Grecia y Roma
Hathor, la diosa de la naturaleza extraordinariamente erótica, es llamada «la hermosa melenuda».
Los pueblos antiguos como los griegos y romanos creían que la vida residía en el cabello, probablemente porque no perece después de la muerte.
La Eneida nos cuenta cómo Perséfone, diosa de la muerte, arrancaba ritualmente el cabello a sus víctimas.
La Biblia
«La cuchilla nunca pasará sobre su cabeza, porque él será consagrado a Dios.»
En la Biblia, Dios promete a una futura madre que dará a luz a un hijo luchador, Sansón, depositando en su cabellera el secreto de su fuerza.
Estas citas apuntan a hacernos comprender la importancia que se le ha dado a una cabellera, peluca o peinado ornamental, simbolizando en más de un caso el atuendo necesario para conquistar.
Los Seres Divinos
Tradicionalmente los seres divinos estaban representados con peinados soberbios, que los hacía jóvenes eternamente, exentos del paso del tiempo y de la edad senil.
Los que tenían el poder (reyes, generales y emperadores) deseaban verse con rizos que enmarcaran su rostro, arreglados de manera característica a la divinidad.
Imperio Romano
Caracalla, emperador romano, se arreglaba el cabello como Alejandro Magno. Cómodo peinaba su cabello como si fuera una aureola divina y Galieno, imitándolo, salpicaba su cabeza con polvo dorado.
«Vergonzoso es el ganado mutilado, vergonzoso es el campo sin grano, y el bosque sin follaje y la cabeza sin cabellera.»
En las guerras, el tributo a los vencidos era afeitarles la cabeza, al igual que a los criminales y a las adúlteras en los pueblos germánicos.

